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Publicado por
Raúl
el
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Hay discos que nacen para celebrar un momento y otros que aparecen cuando la música se convierte en una necesidad. Por El Camino Largo, el nuevo trabajo de La Esquina, pertenece claramente a la segunda categoría. Un álbum que llega después de años de carretera, cambios y cicatrices, y que encuentra precisamente en esa acumulación de experiencia su principal valor.
Lejos de intentar rejuvenecer su propuesta o perseguir tendencias ajenas, la banda madrileña hace algo mucho más difícil: mirar hacia dentro. Y lo hace desde una posición que pocas formaciones pueden permitirse después de más de tres décadas de trayectoria. Sin artificios, sin nostalgia impostada y sin necesidad de reivindicar constantemente su pasado. Las canciones hablan por sí solas.
Desde los primeros compases queda claro que La Esquina ha optado por despojarse de parte de la inmediatez pop que históricamente ha acompañado su repertorio. En su lugar aparece un sonido más cálido y reposado, donde las guitarras acústicas, los arreglos orgánicos y cierta sensibilidad folk construyen un paisaje sonoro que invita a la escucha pausada. No es un disco pensado para consumir deprisa. Exige tiempo. Y recompensa a quien se lo concede.
Las diez canciones que conforman Por El Camino Largo comparten una misma mirada crepuscular. Hablan de pérdidas, de recuerdos que se niegan a desaparecer y de esa extraña convivencia entre el pasado y el presente que llega con la madurez. Pero lejos de caer en el ejercicio melancólico, el álbum encuentra constantemente puntos de luz. La Esquina entiende que recordar no siempre significa quedarse atrapado en lo que fue, sino aprender a caminar con ello.
Resulta inevitable leer el disco a la luz de la ausencia de Maxi, pieza fundamental en la historia del grupo. Su figura planea sobre todo el repertorio sin necesidad de ser nombrada constantemente. Está en los silencios, en determinadas letras y en la emoción contenida que atraviesa buena parte del álbum. Es especialmente evidente en “Desde Que Te Fuiste”, uno de esos temas que consiguen esquivar el sentimentalismo fácil para instalarse en un terreno mucho más honesto y universal.
Lo interesante es que La Esquina nunca convierte el dolor en espectáculo. Todo sucede desde la contención. Desde la experiencia de una banda que parece haber entendido que las canciones más profundas suelen ser también las más sencillas. No hay grandes gestos ni producciones desbordantes. Solo melodías bien construidas, letras que buscan la verdad antes que el impacto y una interpretación que transmite la sensación de que cada palabra ha sido vivida antes de ser cantada.
Quizá ahí resida la mayor virtud de Por El Camino Largo. En un tiempo dominado por la inmediatez, la hiperproducción y la necesidad constante de llamar la atención, La Esquina firma un disco que avanza justo en dirección contraria. Un trabajo sereno, elegante y profundamente humano que encuentra su fuerza en aquello que nunca pasa de moda: las buenas canciones.
Desde aquel debut en el desaparecido templo mod de The Milky Way a finales de los ochenta hasta hoy, el grupo ha permanecido fiel a una forma de entender la música donde las modas siempre fueron secundarias. Por El Camino Largono busca reescribir su historia ni convertirse en un punto de inflexión. Es algo más valioso: la confirmación de que todavía quedan bandas capaces de envejecer con dignidad y convertir el paso del tiempo en una herramienta creativa.
Y eso, en los tiempos que corren, no es precisamente poca cosa.


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