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Publicado por
Raúl
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Brunch Caníbal no parece demasiado interesado en escoger un solo camino. En el territorio que habita la banda mallorquina caben guitarras ásperas, pulsiones post-punk, golpes de garage y una psicodelia que aparece cuando la canción necesita abrir otra puerta. Su próximo disco nace precisamente de esa mezcla, pero también de algo menos evidente: la necesidad de revisar materiales, recuerdos y experiencias acumuladas durante años para convertirlos en algo que suene inequívocamente presente.
El punto de partida está en Cave Canem, un trabajo que funciona como antecedente directo de esta nueva etapa. Más que una colección de canciones aisladas, aquel repertorio planteaba una suerte de recorrido emocional en el que las contradicciones humanas ocupaban el centro de la escena. Esa línea continúa ahora con composiciones que se mueven entre la mordacidad, la melancolía y una sensibilidad pop que aparece cuando menos se espera.
“Cuentos” representa una de las caras más combativas de Brunch Caníbal. Aquí el punk rock se convierte en herramienta de ataque y la sátira hace el resto. La canción apunta hacia la hipocresía, las dinámicas tóxicas, los comportamientos abusivos y esa tendencia tan humana a destruir aquello que no se ha sabido construir. No hay demasiadas concesiones: la ironía funciona como mecanismo de defensa y las guitarras como amplificador de una rabia perfectamente reconocible.
Pero el grupo también sabe bajar las revoluciones. En “No te puedo olvidar”, la electricidad deja espacio a una atmósfera más envolvente y psicodélica. La canción se adentra en la parte menos racional del afecto, utilizando imágenes y metáforas para hablar de esa clase de vínculos que permanecen incluso cuando todo indica que deberían haber desaparecido. Es probablemente uno de los momentos donde mejor se aprecia la capacidad de la banda para alejarse de la contundencia del rock y construir espacios más hipnóticos.
Otro elemento especialmente interesante aparece en “Menos que Cero”, una canción que funciona como puente entre diferentes momentos de la trayectoria creativa de su autor. Algunas de sus estructuras, riffs e ideas rítmicas proceden de composiciones desarrolladas en proyectos anteriores y recuperadas muchos años después. Lejos de plantear un ejercicio de nostalgia, Brunch Caníbal las reconstruye, modifica y dota de nuevas letras hasta convertirlas en material contemporáneo. El pasado, en este caso, no actúa como museo: sirve como materia prima.
Esa relación con la memoria también atraviesa “Oscuro”, donde la melancolía adquiere una dimensión más luminosa. La canción recoge sensaciones vinculadas al confinamiento de 2020 en una Ibiza prácticamente vacía y las cruza con recuerdos de infancia, generando un contraste entre un contexto extraño y la mirada ingenua con la que se observa el mundo durante los primeros años de vida.
A todo ello se suma un imaginario que no se limita estrictamente a la música. El cine, la literatura sobre autodestrucción en ambientes privilegiados, los clásicos de Cervantes o determinadas referencias del indie británico aparecen filtrados dentro del universo de la banda, sin funcionar como simples citas decorativas. Son parte de un collage que ayuda a explicar por qué las canciones de Brunch Caníbal pueden saltar de la rabia al humor, de la oscuridad a la psicodelia o de la crudeza guitarrera a una inesperada fragilidad.
El resultado apunta hacia un disco construido desde la acumulación, pero no desde el exceso. Ideas antiguas, experiencias personales, canciones recientes y diferentes lenguajes musicales terminan encontrando un mismo espacio. Brunch Caníbal convierte así su propio archivo en combustible para seguir avanzando, demostrando que mirar hacia atrás no siempre significa quedarse atrapado en el pasado. A veces también es la mejor manera de encontrar un sonido nuevo.
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