Entrevistamos a La Esquina

 

  • 1. Nacisteis a finales de los años 80 y, más de tres décadas después, seguís al margen de las modas. Mirando hacia atrás, ¿qué queda en las venas de La Esquina de aquellos primeros días y qué ha tenido que desgastarse por el camino para poder firmar hoy un disco como Por El Camino Largo?

Lo que queda es el gusto por hacer música, el disfrute del directo y la ilusión por llegar a la gente. Yo no lo llamaría desgaste, es más bien una maduración y una experiencia. Han sido necesarios todos esos años y recorrer ese largo camino hasta hoy para llegar al punto en que estamos ahora que, considero, es justo en el que queremos estar.    


  • 2. Este álbum se siente como una declaración de principios sobre la supervivencia. En un mundo musical que lo devora todo a velocidad de vértigo, ¿por qué elegir precisamente «el camino largo» y orgánico en lugar del atajo fácil?


Creo que es una cuestión de mantenerse firme en tus convicciones musicales independientemente de las modas. Cuando empezamos a despuntar ya había pasado la movida y las tendencias iban hacia el grunge, el indie u otras tendencias más duras que no eran las nuestras: nos miraban mal, pero seguimos. Cuando se empezó a apostar por solistas en los 90 nosotros continuamos siendo una banda y, aunque no encajábamos, éramos nosotros. Ahora que ya somos maduritos no vamos a hacer algo que no nos represente. Es orgánico porque todos los sonidos son naturales y porque cada nota sale de un intérprete, no de una máquina o un procesador. 



  

  • 3. Musicalmente hay un cambio evidente: dejáis un poco de lado la luz del pop más inmediato para abrazar una sonoridad folk, más de raíz y acústica. ¿Esta evolución fue una necesidad para envolver la carga emocional de las letras o surgió de forma natural al tocar juntos?


Tiene mucho que ver que ahora estoy solo tomando las decisiones y, en este momento, lo que me pide el cuerpo es hacer canciones en esa línea. Estas canciones y estas letras maridan perfectamente con esa sonoridad. Y los sonidos tienen que acompañar a las letras. Creo que es el mejor envoltorio para esos temas. 



  • 4. El disco está atravesado por el recuerdo de Maxi, una figura fundamental en la historia del grupo. Afrontar un proceso de grabación por primera vez sin él tuvo que ser un reto colosal. ¿Cómo fue ese reencuentro en el estudio con su ausencia y de qué manera su espíritu terminó guiando el sonido del álbum?



Fue precisamente un reto: faltaba, como ya he dicho otras, veces el compañero 

que aporta opiniones, criterios, que crea contigo el estilo del proyecto y lo enriquece. También me daba mucha seguridad contar con él, con su ratificación, su talento y sus ideas. Eso ya no es posible y lo que ha estado presente en todo el proceso ha sido que en cada momento me preguntaba qué le parecería esto o aquello. Me hubiera encantado conocer su opinión. Creo que el resultado le hubiera gustado.



  • 5. Dentro de ese tributo destaca de forma profunda «Desde Que Te Fuiste». Hay canciones que cuestan interpretar. ¿Cómo se gestiona en el estudio el pudor de cantar a una pérdida tan directa sin caer en el dramatismo, únicamente desde la verdad desnuda?


Pues tú lo has dicho: es una canción honesta y verdadera. Describe ese preciso y dramático momento y como me aplastó súbitamente la pesada e inesperada noticia. La incredulidad. En este momento no me cuesta interpretar emociones reales por duras que sean. Es un ejercicio de sinceridad que aprecio en todos los artistas y yo intento hacer lo mismo. Nunca estás preparado para algo así y sigue siendo ocurriéndome que cada día hay un momento en que recuerdo cosas de él. El disco es también un mensaje: la vida, para bien o para mal, sigue y yo sigo.  


 

  • 6. En Por El Camino Largo habláis de recuerdos que no se borran y de personas que siguen vivas mientras habiten en las canciones. ¿Creéis que la música es, en última instancia, la única herramienta real para ganarle la batalla al tiempo y al olvido?

La música y las canciones trascienden el tiempo, son atemporales. Puedes escuchar temas de hace 100 años y te despiertan recuerdos y emociones actuales. El tiempo pasa, las circunstancias cambian y las personas se van, pero las canciones permanecen mientras alguien las cante y otros las escuchen. No le puedes ganar al tiempo: es implacable. Pero las canciones sí que pueden ser la línea de unión de muchos tiempos mientras sigan vivas, mientras alguien las recuerde, las interprete o las escuche.   


  • 7. Las diez canciones del disco funcionan casi como fotografías fijas de una vida. Cuando os sentáis a componer en esta etapa de madurez, ¿se escribe desde el lugar del que ya ha curado las heridas o desde el de quien todavía está intentando entender las cicatrices?


Pues se escribe desde el lugar en el que identificas esas emociones, las miras de frente, no las escondes y eres capaz de verbalizarlas. Hay heridas que se soportan y otras que se convierten en cicatrices. Tanto unas como otras están en su proceso y convertirlas en canciones es muy sano para que se coloquen donde no hagan daño. 



  • 8. Sostener un proyecto independiente durante más de treinta años, lejos de focos masivos pero con una identidad intacta, es casi un acto de fe. ¿Qué os ha dado La Esquina a nivel humano para que nunca hayáis tirado la toalla?


La Esquina se ha mantenido activa todo este tiempo porque hemos tenido increíblemente intacta la ilusión por hacer música y disfrutar con ella. Creo además que hemos ido aprendiendo con el tiempo a ser mejores y eso nos ha llevado a querer mostrar siempre el punto musical en el que estábamos. Hemos confiado también en lo que hacíamos y no nos ha importado ser quizá, muchas veces, nuestro único público por muy patético que esto suene. También ha habido dudas. Es difícil mantenerse cuando no tienes un reconocimiento que te valide. Eso sí, cada comentario bonito de nuestras canciones nos ha sabido y nos sabe a gloria. Y puedo decir que, aunque pocos, tenemos algunos/as fans que lo siguen siendo desde entonces. Y encima han ido apareciendo nuevos/as. Simplemente ocurre que seguimos haciendo canciones y las canciones son para cantarlas.



  • 9. Hoy la industria musical está dominada por el consumo efímero de singles, algoritmos y la necesidad constante de inmediatez. Como banda de recorrido largo que defiende el formato álbum y la pausa, ¿cómo observáis este panorama y qué margen de supervivencia le queda a la canción hecha con reposo?


No me preocupa en absoluto lo que haga la industria o la tendencia al consumo inmediato y efímero de música. Hago las cosas y las escucho como a mí me gusta: álbumes y canciones con principios, pausas y finales. Formatos imperecederos y resistentes. Me gusta que puedas “tocar” y ver lo que has hecho. No quiero ser sólo un código en un servidor que no sé ni dónde está. Claro que estamos también ahí, pero aunque sea ingenuo decirlo, si tienes un disco físico de La Esquina y un día se apaga internet, podrás seguir escuchándolo con el equipo adecuado. La supervivencia de esas canciones está garantizada, aunque no sea de forma masiva, porque siempre habrá gente que disfrute de las cosas de ese modo.    



  • 10. Existe una clara paradoja en el sector: mientras crear y lanzar música parece más accesible que nunca, la atención del oyente es más escasa. Desde vuestra perspectiva, ¿sentís que el valor real de las canciones se ha devaluado o que el público que busca verdad acaba encontrando siempre a proyectos con alma?

Sí, esta es una pregunta recurrente. Todo es más fácil, todos podemos acceder a la música de forma sencilla. Podemos grabar maquetas de calidad en nuestro portátil y podemos colocarlas en las redes fácilmente. Las canciones son a veces sonidos que consiguen mantener tu atención 10 segundos. Pero siempre habrá gente que las escuche enteras y de forma activa, que es como debes escuchar la música, con atención. Quizá entonces te toque de verdad. Como ya he dicho antes las canciones están vivas mientras alguien las interprete y alguien las escuche. Y basta dar al “play” una vez para resucitarlas. Las canciones no se devalúan, son los oyentes quienes han devaluado su manera de disfrutar de ellas. 

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